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Don Orlando Guelbenzu, payador azuleño

Por Julio Juárez

Un emocionado recuerdo de nuestro amigo el perodista y amante de las cosas nuestras, Don Julio Juárez.

Orlando Guelbenzu nació en Azul, se cree que en la Maternidad del Hospital Pintos, el 29 de mayo de 1916, y sus padres vivieron siempre en el mismo barrio.

Primero en Colón y Santa Fe (Amado Diab) y luego en Colón entre Tucumán (Bogliano) y Córdoba (Malére).

Fue alumno de la vieja escuela de Islas, es decir Escuela Nº 2 Domingo Faustino Sarmiento. De niño trabajó en el almacén de su padre, Almacén Belgrano, de Sánchez, Ahormes y Guelbenzu, sito en Belgrano y Buenos Aires, ex Uriburu y hoy Rubén De Paula. Siendo muy joven se sintió atraído por la contabilidad, por lo que decidió estudiar por correspondencia el curso de Tenedor de Libros. Recibió el título de las famosas Academias Pitman y se dedicó al apasionante oficio.

A raíz de su paso por el almacén, conoció a numerosos empresarios estancieros que fueron los futuros clientes de su oficina. Uno de ellos, la firma Vaz Teixeira, lo nombró Síndico de la empresa. Entre su cartera figuraron la Librería Bogliolo, la empresa Di Bernardi, el señor Mongay, el Dr. Forneris y el Dr. Rodolfo Dagnino, entre otros.

Su contracción al trabajo y su amor por la lectura lo dotaron de una rica cultura, y dedicaba todo el día a cumplir con las exigencias de su profesión.

Ya entrada la noche, se vestía elegantemente, de traje, corbata, chambergo y el infaltable poncho sobre sus hombros, todas prendas de fina confección elegidas en la tradicional sastrería de Messineo y Lapérgola. En algunas oportunidades calzaba la tradicional gorra vasca.

Acostumbraba encontrarse con sus allegados en el Club Vélez Sársfield donde su viejo amigo Bautista Borda era el cantinero con el que luego de unos juegos de mus, solía cenar. También frecuentaba el Club San Martín, donde otra barra encabezada por don Carlos Torres lo esperaba con avidez y afecto. Su mesa siempre estaba rodeada por conocidos y curiosos parroquianos interesados en escuchar sus anécdotas y sobre todo, sus versos. Décimas memorables –en serio y en broma- que fueron motivo de bien ganada fama de poeta y payador.

Celoso de su responsable trabajo, se supone que escribía en sus horas de insomnio, o tal vez a la vuelta de sus encuentros amistosos, momentos que conformaban su vida social y que nutrían su proverbial creatividad.

De chico jugó al fútbol para el club de sus amores, Alumni Azuleño, al que solía ir a alentar algún domingo que jugaba de local. Su hobby era la pesca, actividad que lo apasionaba, por lo que en su vida eran frecuentes sus salidas por la zona acompañado de sus amigos Pepe Mirabella, Pedro y Ambrosio Portaluppi, Angel Selvaggio, el hojalatero Ramaglio y el constructor Di Cataldo. Tuvo otros amigos entrañables como Bautista Borda, Carlos Torres, “El Negro” Ismael Ibáñez, Amado Diab –que fuera Intendente Municipal-, sus hermanos, Amaro Ibarbide, los Uría, los Orueta, los Latrónica, los Maití, los Di Bernardi y otro con quien solía improvisar y disfrutar horas de esparcimiento: José Finet. Con él compartía el gusto por la poesía y fue un asiduo concurrente a su hogar. Esta familiaridad hizo que Orlando fuera padrino de dos de sus hijas: Clarita y Peti.

Sus padres eran vascos españoles: Elías Guelbenzu y Josefa Marticorena. Tuvo dos hermanos: Vicente, que murió cuando sólo tenía 16 años, y Héctor Elías con quien compartía la casa que fuera de sus padres, rodeado del cariño de Totín, su esposa Elvira Bageneta y de sus dos sobrinas, Josefa Elvira –de la que era padrino- y Patricia.

Se caracterizó por ser un hombre respetuoso y delicado, más bien tímido, que prefería la intimidad a la exposición pública. Si en una fiesta lo destacaban como poeta e improvisador sabía sonrojarse y luego de mucha insistencia lograba sobreponerse y hacer escuchar a la concurrencia sus notables creaciones punteando en la guitarra una milonga cadenciosa y bien surera.

Alguna vez un famoso payador profesional, el uruguayo Walter Mosegui, subestimando sus méritos, lo convidó a payar con él con ánimo de ponerlo en apuros. Alentado por sus seguidores Orlando Guelbenzu sacó a relucir todo su talento motivando el aplauso emocionado de los circunstantes y la decepción del uruguayo que, hablando mal y pronto, quedó con la boca abierta.

Hubo otro personaje de nuestro medio que lo admiró profundamente: el Dr. Norberto “Lalo” Figallo, médico veterinario, buen guitarrero y canto y virtuoso improvisador. Cuando Lalo llegó a Azul, más precisamente a la Veterinaria de la Casa Azcona, lo conoció y reconoció, y a partir de entonces no perdió oportunidad de juntarse y guitarrear, máxime cuando llegaba otro amigo payador, el legendario Cayetano Daglio, “Pachequito”. Esos encuentros, únicos e irrepetibles, perdurarán por siempre entre aquellos privilegiados que tuvieron la fortuna de estar presentes.

Orlando Guelbenzu era un hombre noble, respetuoso y humilde, que además de su proverbial solvencia para el verso y la rima, era un agudo observador y estaba dotado de un fino sentido del humor.

Prudente y reservado, no lo marearon nunca ni la fama ni las copas, y sólo tuvo una debilidad que poco a poco fue afectando su salud y acortando su hermosa vida: el cigarrillo. Compañero de trabajo y de desvelos, tronchó su existencia un 20 de enero de 1977 cuando no había cumplido aún 61 años.

Sus versos, sus milongas orilleras y paisanas que nacieron al conjuro de una fiesta o una yerra, lo sobreviven y serán por siempre testigos de su vena poética, de su profundo sentimiento argentino, y sobre todo su enorme y acendrado amor por su Patria Chica. Como tal vez trasunten mis palabras, siento una inocultable admiración por él y por su obra. Y como tuve la fortuna de conocerlo y valorarlo, le he escrito un homenaje que es parte de un futuro libro mío, que se llamará El Azul de mis amores.

 

 

 

 

Creado: 2010-01-22 13:34:09 - Modificado: 2010-01-22 13:36:09

Comentarios

Guillermo Sotes - (bochasotes@yahoo.com.ar) dijo:

Tuve la suerte de conocer a este gran hombre que visitó mi casa en ocaciones, era amigo de mi padre. Realmente era una delicia escucharlo

2012-06-13 10:52:40

osvaldo viale - (omviale9@fibertel.com.ar) dijo:

vivía en azul entre los años 1951 al 1968 y no tuve la oportunidad de oírlo como payador ,seguramente nos habremos cruzado en la calle muchas veces , que gusto me daría escuchar o leer algo de él , si alguien lo registró o imprimió

2012-06-13 19:11:43

 

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